Domingo, 25 de Octubre del 2026

Panorama electoral regional e internacional de cara a las elecciones del 25 de octubre en Brasil

Por Sebastián Melchi

El presente artículo se propone indagar en la importancia geopolítica de las elecciones presidenciales en Brasil de 2026, cuya primera vuelta se celebró el pasado 4 de octubre y cuya segunda vuelta tendrá lugar el próximo domingo 25 de octubre. El contexto internacional de estas elecciones se encuentra marcado por la disputa de zonas de influencias entre China y Estados Unidos, el giro a la derecha en Sudamérica y los negocios de las multinacionales en el Cono Sur. Por ello, se vuelve indispensable observar cuáles son los desafíos a los que se enfrenta el pueblo brasileño durante y después de la época electoral desde una perspectiva internacional y regional.

Primeramente, los candidatos que disputarán la segunda vuelta son el actual presidente Lula Da Silva por el Partido de los Trabajadores (PT) y Flavio Bolsonaro, senador e hijo del expresidente Jair Bolsonaro, por el Partido Liberal (PL). El sistema electoral en Brasil para elegir al presidente es relativamente similar al argentino: la primera vuelta contempla a todos los candidatos postulados y obtiene el cargo quien consigue mayoría absoluta de los votos. Caso contrario, se lleva a cabo la segunda vuelta entre los dos candidatos con más votos de la primera vuelta. Tras los resultados del 4 de octubre, en los que Flavio Bolsonaro se impuso sobre Lula Da Silva sin alcanzar la mayoría absoluta, la contienda electoral quedó definida entre ambos candidatos para el próximo 25 de octubre.

Es preciso comprender, entonces, por qué es una disputa de nombres muy fuerte para el Palacio de Planalto. A diferencia de países vecinos como Colombia o Argentina, Brasil no cuenta con candidatos outsiders o antiestablishment político (Schedler, 2016) sino con dos propuestas políticas brasileñas muy conocidas por los electores. Por un lado, Lula Da Silva busca su reelección para un cuarto mandato presidencial portando un legado histórico en el país, consiguió llevar a cifras mínimas la pobreza en Brasil y llevó durante muchos años a la prosperidad económica al país. También ha sido víctima de campañas judiciales por corrupción relacionadas con Petrobras, estuvo preso y fue liberado un año y medio después, convirtiéndose en uno de los más importantes representantes de la izquierda en el siglo XXI (Sader, 2019). Hoy busca ampliar su mandato y continuar con políticas enfocadas en el bienestar social, la protección de la economía y el cuidado del ambiente.

Por otro lado, el bolsonarismo intenta volver al poder bajo la figura de Flavio Bolsonaro, actual senador e hijo del expresidente Jair Bolsonaro. La derecha brasileña se encuentra navegando una contradicción intensa: su figura política, Jair Bolsonaro, se encuentra preso con condena de 27 años al haber participado del intento de golpe de Estado pos-elecciones de 2022 en Brasil. A pesar de ello, a nivel regional e internacional el ala conservadora brasileña encuentra puntos de contacto con las nuevas caras de la derecha (Traverso, 2021) que se están popularizando a grandes pasos en muchos países. Esta nueva tendencia busca, a través del Estado y el liderazgo carismático, bosquejar un futuro con ideales como la familia tradicional, la libertad privada, el libre mercado, entre más.

Es por ello que a nivel geopolítico, hay muchas miradas puestas sobre el gigante de Sudamérica y el futuro que éste puede representar para la región. La mirada principal la posee Washington, para quién la región nunca dejará de ser estratégicamente relevante (Borón, 2012) y esto lo demuestran una serie de acontecimientos políticos recientes. Por un lado, las múltiples victorias electorales en la región de candidatos de ultra-derecha como José Antonio Kast, Abelardo De la Espirella y Keiko Fujimori, fueron todos respaldados por Donald Trump, lo cual amplió el margen de influencia político e ideológico de la Casa Blanca en Sudamérica.

Por otro lado, hemos visto cómo la intervención en Venezuela por parte de tropas estadounidenses que, buscando “combatir el narcotráfico”, arrestaron a Nicolás Maduro. Este hecho fue improcedente en el siglo XXI y controversial para el derecho internacional, si tenemos en cuenta que se transgredió la soberanía territorial de un Estado con la intervención militar en la zona (Revista Electrónica de Derecho Internacional Contemporáneo [REDIC], s.f.). Si observamos más allá de las intenciones declaradas por Trump, sabemos que Latinoamérica siempre ha sido el patio trasero para Estados Unidos (Morgenfeld, 2023) y Venezuela era un área de influencia de limitado acceso hace décadas. Sumado a ello, están los intereses económicos y estratégicos en el país, especialmente si tomamos en cuenta que Venezuela posee 303.008.000.000 barriles de reservas probadas de petróleo a fecha de 2025, ocupando el primer puesto en el mundo y representando cerca del 17,17% de las reservas totales de petróleo del mundo (Worldometers, s.f.).

Ahora bien, ¿Podemos hablar de intereses estratégicos, geográficos y políticos de Estados Unidos en Brasil? Desde sus lemas electorales “Brasil por encima de todo, Dios por encima de todo” similar al “America First” de Donald Trump hasta su defensa alevosa de los valores cristianos y la defensa de la familia tradicional, existe en los líderes de derecha de nuestra América lo que se refiere como un alineamiento ideológico sin límites (Relaciones Internacionales FLACSO Argentina, s.f.). Esto genera un fuerte contraste con la orientación actual del gobierno brasileño. El presidente Lula Da Silva entre 2003 y 2010 puso en práctica lo que conocemos como el Sur Global (Universidad Nacional de Rosario, 2025), es decir, la cooperación entre países históricamente desfavorecidos por la política occidental del Norte, provenientes de África, América Latina y el Caribe y algunos países de Asia.

Por lo que las expectativas puestas en la derecha brasileña por parte de la Casa Blanca son muy altas. Si rastreamos lo que fue la política exterior bolsonarista veremos que las relaciones con Washington fueron fundamentales en aquella presidencia. En particular, se entrevieron los intereses en la quema y deforestación abrumadora del Amazonas. Según el Canciller del expresidente, el cambio climático es una “conspiración marxista” (Casarões & Flemes, 2019) y durante su mandato se debilitaron las autoridades ambientales y de control, se congeló el fondo amazónico, se desfinanció el Plan de Acción para Prevenir y Controlar la Deforestación en la Amazonía. Esto no fue casualidad, la deforestación y la quema abren la puerta a empresas para obtener ganancias de las grandes extensiones de tierra ahora libres, sin dueños, que bajo gobiernos extractivistas como el de Bolsonaro son fácilmente vendidas. El incentivo para la destrucción proviene de compañías internacionales de carne y soya a gran escala como JBS y Cargill, y las marcas globales como Stop & Shop, Costco, McDonald's, Walmart / Asda y Sysco, todas empresas las que crean la demanda internacional que financia los incendios y la deforestación (Mighty Earth, 2019). Es por ello que los defensores de la política ambiental y los negocios inmobiliarios, rentísticos y sojeros están expectantes ante el resultado del balotaje del 25 de octubre.

Hoy en día, el Fondo Amazonias volvió a tomar credibilidad internacional, en 2025 Brasil fue anfitrión del COP30 (30ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático) en la ciudad de Belém y el gobierno de Lula ha declarado enfáticamente su interés por la agenda medioambiental con su plan de erradicación de la deforestación en 2030. Aún más, la apuesta de Brasil por el Sur Global sigue siendo enfática. Desde tomar la presidencia de los BRICS garantizando acuerdos comerciales históricos con China hasta liderar el MERCOSUR en 2025 habilitando el Pacto Mercosur-UE, Lula prioriza una agenda enfocada en el multilateralismo, la soberanía económica y la activa diplomacia.

Esto alienta las tensiones entre el gobierno de Lula y la Casa Blanca en el marco de la guerra comercial con China. A lo largo del 2026, Trump ha impuesto severos aranceles para productos chinos, rusos y, también, provenientes de Brasil. Ante ello, Lula no ha sido imparcial y, por ejemplo, reactivó la ley de reciprocidad de aranceles como respuesta al 25% de impuestos de Trump en Julio de este año. La disputa también se da, como hemos advertido, en el ámbito diplomático. No sólo Brasil ha desafiado a las corrientes de derecha con su defensa al cuidado del medioambiente, sino que también ha realizado fuertes declaraciones frente a los principales conflictos bélicos del 2026. Por ejemplo, Lula denunció el genocidio en Gaza y condenó frente a la comunidad internacional el accionar israelí en la zona como así también el llamado a la paz en Irán, donde Brasil se ha ofrecido a mediar entre Irán y Estados unidos en pos de llegar a una resolución conjunta y el cese al fuego (Página/12, 2026). Algunas de las votaciones más importantes de Brasil hasta ahora en la ONU fueron:


Fuente: Elaboración propia

Esto no es casualidad, tal como afirma Cecilia Miguez, la política exterior de un país es una política pública más del Estado. En otras palabras, la política exterior de Lula responde a decisiones del Estado brasileño tanto por acción u omisión respecto de una determinada temática o agenda, como lo puede ser una política de seguridad o educativa. Esta noción es importante tenerla en cuenta debido a que nos permite entender que un recambio de dirigencia política de derecha puede llevar a Brasil a comprometer acuerdos y consensos básicos en materia de política internacional.

Un último punto importante a incorporar respecto a las expectativas por las próximas elecciones de Octubre son los intereses de los países del BRICS, especialmente China y Rusia. Solamente este año China invirtió $6 billones de dólares en empresas brasileñas, a pesar de la existencia de una larga relación comercial y económica entre ambos países muy próspera. Sumado a ello, se espera que bajo el liderazgo lulista se avance en una agenda Mercosur-China pronto. Por ende, el presidente Xi Jinping abiertamente apoya la candidatura de Lula en rechazo a la injerencia externa y en favor de la soberanía latinoamericana frente a Washington. A pesar de ello, es interesante señalar que Lula Da Silva tiene en claro la importancia de privilegiar la estrategia por sobre la subordinación. En reiteradas ocasiones el mandatario ha afirmado que Brasil debe estar preparado para que nadie los invada: “ni chinos, ni estadounidenses ni franceses van a meter los dedos en nuestras tierras raras”, refiriéndose a las reservas de minerales críticos que abundan en Brasil (Agence France-Presse, 2026).

A modo de conclusión, en Brasil se están jugando dos modelos de país de cara al balotaje del próximo 25 de octubre, que tendrán importantes implicaciones a nivel interno y externo. Desde una mirada puesta en la geopolítica, la segunda vuelta electoral constituye un evento crucial para el regionalismo latinoamericano y las ventanas de influencia de Occidente y Oriente.

Por un lado, estimamos que la política exterior bolsonarista puede atentar contra la soberanía territorial y en recursos de Brasil como así también ampliar el margen de obra para el extractivismo de grandes empresas multinacionales. No sólo beneficiará económicamente a estos negocios sino que también quitará protección y normativa a las selvas y bosques del Amazonas. Estos peligros se enmarcan dentro de la rampante doctrina trumpista que busca expandir su zona de influencia y acceso a recursos estratégicos en la región, como el petróleo, minerales, tierras fértiles, entre otros. Por otro lado, la visión de Lula para el futuro apunta a profundizar el multilateralismo y la cooperación internacional, particularmente buscará tramar lazos de solidaridad entre países de Latinoamérica y del Cono Sur. Esto se enmarca en la importancia de la soberanía nacional, la asistencia humanitaria en conflictos bélicos, la protección al medio ambiente y una clara apuesta por la diplomacia como herramienta política y soberana para los países del mundo.

Referencias

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https://chinalasamericas.com/analysis/lula-va-por-otro-mandato-en-brasil-ni-chino s-ni-estadounidenses-van-a-meter-los-dedos-en-nuestras-tierras-raras/

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Casarões, G., & Flemes, D. (2019). Brazil first, climate last: Bolsonaro's foreign policy (GIGA Focus Latin America, N.º 5). GIGA German Institute of Global and Area Studies. https://www.giga-hamburg.de/en/publications/giga-focus/brazil-first-climate-last- bolsonaro-s-foreign-policy

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